Umberto Galimberti (2001) en su artículo llamado Psiché y
Techné publicado en la Revista Artefacto, sostiene que habitamos
indudablemente la edad de la técnica, y dice: “No somos de hecho seres inmaculados
y ajenos, gente que de vez en cuando se sirve de la técnica y de vez en cuando
prescinde de ella. La técnica no es más un objeto de nuestra elección, sino que
es nuestro ambiente”. Nuestro ambiente -y agrego- nuestro horizonte, hoy es cotidiano
el uso de ciertos dispositivos como netbooks, celulares inteligentes, e-books,
etc. Como profesional, docente, madre, y fotógrafa he incorporado gradualmente
a mi vida -a medida que me he podido apropiar de ella- la tecnología digital.
Cuando hablo con mis hijos sobre las diferencias entre el teléfono
fijo que teníamos en mi casa, y las posibilidades que nos da el teléfono móvil,
miran asombrados. Porque ahora ellos observan que además de comunicarme con
alguien, puedo mandar un correo electrónico o editar una fotografía. Y
comprenden que este teléfono liviano tiene más usos, que el que estaba en casa
de sus abuelos.
Entender que la tecnología digital se hizo presente en poco
tiempo, e irrumpió en el sistema productivo, cambiando radicalmente a la
sociedad, es fundamental.
Como docentes nos permite posicionarnos activamente ante
este nuevo contexto histórico. ¿Cómo incorporamos esta nueva tecnología digital
a las aulas? ¿Cómo promovemos el conocimiento crítico apoyándonos en este gran
paso de la técnica? Intentar dar respuestas a estas preguntas es nuestro desafío
pedagógico presente.

Muy interesante tu reflexión, Laura. Es verdad lo que resaltaste en esta entrada, nadie puede hoy en día decir que puede salirse de la influencia de la tecnología a voluntad. Incluso los más reticentes a aceptar los cambios que van surgiendo (me incluyo en este grupo), se ven directa o indirectamente afectados por ellos.
ResponderEliminar¡Mariangeles, gracias por tu lectura!
EliminarCreo que como profesoras estamos en camino a entender y reconocer este ambiente donde la técnología digital nos envuelve, a pesar de que nos genere cierta resistencia. Por eso, -entre otras cosas- nos encontramos en este curso. Ojalá podamos estar a la altura de las circunstancias históricas en las que nos toca enseñar. Confío en un práctica pedagógica abierta a los beneficios de la sociedad del conocimiento. ¡Nos seguimos leyendo!